Kitsune Metaru – New Order Kitsune (Chile 2017/Independiente)

Cada cierto tiempo van apareciendo nuevas bandas que son capaces de dividir a los fans del metal a tal punto que es imposible pasar por alto su trabajo, te guste o no. Eso creo que es lo que sucederá en el mediano plazo con Kitsune Metaru, que no es sólo una banda chilena de metal, sino que es la primera banda latinoamericana en interpretar el polémico estilo musical desarrollado por la agrupación japonesa BabyMetal. Si, estos chicos se definen así mismo como un grupo de Kawaii Metal.

Para acercar el término a los menos entendidos, Kawaii es una palabra japonesa que significa que algo o alguien es “tierno” de un modo algo ingenuo, algo infantil. Japón, país experto en regalarnos proyectos musicales que cruzan la línea cada cierto tiempo, fue la tierra en donde apareció esta suerte de sub-género hace algunos años, con exponentes tales como las mencionadas BabyMetal, LadyBaby, etc.

Y en Chile tenemos a Kitsune Metaru. Los chicos decidieron apostar por esta mezcla de elementos pop, dance y metal para entregar un material que intenta sonar fresco. Y en la mayor parte del caso lo logra. No obstante, su música no es para todos: Los más puristas del género van rechazar sin dudar a esta banda, tal como han rechazado a muchas otras anteriormente.

Luego de un par de años de lanzamientos de demos y singles, se atrevieron con su primer larga duración, llamado New Order Kitsune, material independiente grabado y producido por ellos mismos, de cerca de 42 minutos, en donde nos entregan 8 canciones y 2 reversiones. También dejan clara su innegable influencia en la cultura pop japonesa, tanto en sus temáticas como en su puesta en escena.

Se trata de un disco que puede llegar a ser una buena aproximación a lo que en el futuro puede entregar la banda, ya que son composiciones de buen nivel –con un par de cortes sobresalientes-, con una buena producción y que son capaces de quedarse en tu mente por varios días. Sobre el estilo de sus canciones, se trata de Power Metal con muchos tintes electrónicos, con un aire lúdico y que se siente bastante positivo.

A destacar: “Akai Ito”, canción que relata la clásica leyenda oriental del hilo rojo del destino –y que tiene un video clip lanzado hace muy pocas horas-, que posee buenos quiebres rítmicos (aplausos para el trabajo de Felipe Cárcamo en la batería), un coro a medio tiempo para levantar el puño, una sección de solos donde Ismael Gutiérrez y Rodrigo Orellana lucen varias de sus credenciales y un final “a todo ritmo”.

Otra buen corte es “Haruko”, que tiene esa sensación de in crescendo desde el inicio hasta que deja caer todo el poder del tema en el momento en que Claudia Inostroza lanza las primeras líneas vocales. Con el pasar de los minutos, la canción va diluyéndose un poco, pero logra alcanzar nuevos niveles de emotividad en la sección de los solos, que recuerda un poco a algunas composiciones de X Japan.

Y si hablamos de letras simples, “Neko Nyan” se lleva todos los premios. Además, es una buena muestra de lo que se trata el Kawaii Metal. Claro, porque si Rhapsody Of Fire puede hablar de dragones, ¿por qué Kitsune Metaru no puede hablar de gatos? Este corte destaca justamente por su letra más que por su música, relatando la rutinaria vida de un gato que espera a su amo que va trabajar todos los días. Otra que también va en la misma línea es “Umi E Ikou”, que narra el sueño de ir a comer churros, palmeritas y cuchuflís a las playas de Okinawa, bajo un ritmo saltarín, cual perdiz en el agua.

Finalmente, otro tema que destaca con luces propias es “Shiawase”, adelanto que ya pudimos escuchar desde mediados de 2016 y que cuenta con la participación de la youtuber Muriel Benavides, más conocida como Piyoasdf, en las voces. No obstante, acá quisiera detenerme ya que lo que buscaba ser un plus terminó siendo contraproducente para la banda. Y es que la presencia de Muriel en este tema opaca la labor de Claudia durante toda la canción.

En esa misma línea, una de las cosas que llamó mi atención, fue lo contenida que sonó la vocalista de la banda a lo largo del disco, muestra de que aún debe trabajar en la interpretación vocal. Es una muy buena cantante, pero en cortes que demandan más creación de ambientes, queda algo al debe. Esto se nota, por ejemplo, en la reversión de “Haruko” que presentan en el disco, ahora en modo de balada, que no alcanza a ser lo suficientemente emotiva para que destaque, víctima de una falta de arreglos y de una interpretación vocal de Claudia algo fría, distante. No toca la fibra, y eso en una balada es un deber.

Por otro lado, creo que el “pero” que tiene este álbum es que las canciones, como entes independientes funcionan bastante bien, pero hace falta una cohesión que te haga entender que es un disco y no un conjunto de canciones sueltas. Creo que la banda está al debe en ese ítem también. Y es esperable, hablamos de canciones que probablemente fueron compuestos con varios meses de distancia cada uno.

De hecho, salvo excepciones como la entretenida “Gambatte” y su ritmo más trepidante –donde podemos destacar la labor de Pedro Cajas en el bajo, junto con Rodrigo Orellana e Ismael Gutiérrez en las guitarras-, y la mencionada “Haruko” #baladamodeon, las demás canciones tienen estructuras similares. En ese sentido, eché de menos un poco más de variedad que pudiera hacer que el disco fuera más redondito.

De todos modos, el tema que menos llamó mi atención fue justamente el opening track, “New Order Kitsune”, simplemente porque, a todas luces, se trata de un símil de “BabyMetal Death”, introducción del disco homónimo de BabyMetal, lo que le quita frescura y la hace ver como “la copia de”. Por otro lado, “Yuki Onna” es un buen cierre –más allá de la balada de “Haruko” y “Umi e Ikou” en japonés, que vienen después-, con un coro que parte en medio tiempo y que aumenta su velocidad, y que cuenta con la mejor sección de solos del disco, a mi juicio.

En resumen, se trata de un muy buen disco, y sobre todo, un muy buen debut para una banda. Entretenido y fácil de escuchar, con algunas canciones para reírse por sus letras y otras para levantar el puño y cantar a todo pulmón. Lo mejor de todo es que aún la banda tiene mucho por entregar, en todos los sentidos. Ahora sólo queda luchar contra el prejuicio metalero y de los rockeros en general, armas tienen de sobra.

Jonathan Valenzuela