Versailles en Chile: Una noche de altos y bajos

Conversábamos con unos amigos mientras esperábamos el inicio de Versailles en Chile (me niego a eso del “Philharmonic Quintet”) sobre cuál sería la motivación de Hizaki para volver a Chile. Solo hace unos meses antes se había presentado junto a su otra banda, Jupiter (que tiene a parte de los miembros de Versailles en sus filas), en un show de lamentable concurrencia, sacado casi a pulso por los chicos que produjeron dicho concierto para no más de 200 valientes que dijeron presente.

Con ese antecedente, cualquiera diría “no vuelvo nunca más”, sobre todo considerando que Chile es un país al final del mundo. No obstante, quizá será la calidez de su fanaticada, el ambiente que se vive en este sector del mundo, el vino, las memorables jornadas anteriores o qué sé yo, que invitó a Hizaki y compañía a pisar nuestras tierras nuevamente, esta vez de la mano de Chargola Producciones y bajo el manto de Versailles, registrando su tercera visita a nuestro país.

Lamentablemente, las cosas no partieron tan bien desde el inicio. El Teatro Teletón, protagonista de gestas históricas del rock y metal en Chile, veía una respuesta que no coincidía con la calidad de la banda que iniciaría su show en unos minutos. Menos de la mitad del recinto estaba lleno, con alrededor de 700 a 800 personas esperando a una de sus agrupaciones favoritas que volvía luego de cinco años de pausa y un EP nuevo, Lineage – Bara no Matsuei.

Ahora, no era tan grave. Hay agrupaciones con más trayectoria internacional que llegaron a tocar para 50 personas (Cómo olvidar a Grave Digger en el Rock & Guitarras hace unos años, o el mismo caso de Jupiter solo hace unos meses atrás) y nos entregaron presentaciones memorables, por lo que no siempre una concurrencia masiva significa un show redondo. En el caso de Versailles, este… no sería el caso, pero ya llegaremos a eso.

Ya con el público dentro del recinto, pudimos notar cómo el roadie de la banda tenía problemas con la guitarra que usaría Hizaki en el show, siendo un adelanto que la noche del guitarrista no sería la mejor. Esto y el anuncio que se hizo prohibiendo las grabaciones desde teléfonos durante el concierto, fueron los aperitivos del concierto de los japoneses, cultores de un estilo eminentemente Visual Kei y composiciones que viajan desde el Power Metal más escandinavo hasta la escuela italiana que fundó Rhapsody a finales de los 90’s.

Versailles es una banda efectista y efectiva. Efectista, porque le da mucha importancia a la forma de construir la historia en sus conciertos, y eso quedó demostrado desde que se apagaron las luces –poco después de las 21 horas- y comenzaron a aparecer los miembros de la banda: Yuki, Masashi, Teru, Hizaki y Kamijo, quienes se apoderaron de sus roles y fueron capaces de mostrar una personalidad que a veces se extraña en las bandas occidentales. Ellos entienden muy bien el concepto de “performance” y la llevan a cabo muy bien, consiguiendo atrapar al oyente dentro de sus canciones.

Y también es una banda efectiva. Poseen un catálogo de temas para todos los gustos: Desde cortes más orientados al metal tradicional, como “Aristocrat´s Symphony”, “After Cloudia” o “Masquerade” como canciones que coquetean con el rock japonés, tales como “Shouts & Bites” o “Ascendead Master”. Por supuesto que la ejecución también es lo suyo, todos son eximios músicos y rozan la perfección en su labor en vivo, y esta vez no fue la excepción. En este punto quisiera destacar sobre todo la labor de Masashi, quien logra construir líneas de bajos que son muy creativas, frente al estilo más tradicional de Teru y Hizaki.

Por otro lado, en canciones como “Zombie”, “The Red Carpet Day” y “God Palace –Method of Inheritance” pudimos ver lo mejor del repertorio de Yuki, demostrándonos su versatilidad en la batería, destacando a pesar de estar más relegado a un segundo plano, frente a la presencia de los demás músicos, sobre todo de Kamijo, un vocalista que entiende al revés y al derecho lo que significa ser un frontman.

Hasta acá todo bien, suena como si hubiera sido un tremendo concierto. Y pudo haberlo sido, de no ser por el fiasco de sonido que tuvo el show en general. Por momentos costaba demasiado entender las canciones, y en cortes que eran más descontrolados, por ejemplo, “The Red Carpet Day”, a veces se escuchaba solo una masa de sonido. Todos los músicos sufrieron: Kamijo se escuchaba bajo, Masashi a veces simplemente no se oía, los solos de Teru también sufrieron, mientras que, a veces, costaba distinguir la caja de Yuki en los temas más veloces.

Lo de Hizaki fue una historia aparte. Tuvo problemas con su sistema inalámbrico desde el inicio hasta la mitad del concierto, lo que lo hizo estar más pendiente de arreglar sus problemas que de tocar, por lo menos en los primeros cuatro temas. La cara de ofuscación del guitarrista se hacía notar y con razón. En algo pudo salvar la performance luego de dejar de lado el sistema inalámbrico y volver al confiable cable. Luego de eso, otro problema: su guitarra sonaba demasiado fuerte y tapaba el resto de los instrumentos, pero el sonido fue mejorando “algo” hacia el final del show.

Eso sí, creo que incluso eso pasó a segundo plano frente a lo que más me llamó la atención de la noche: la pobre respuesta del público frente a su banda favorita. La verdad sea dicha, hubo muy poca conexión entre la fanaticada y la agrupación. No creo que sea por el japonés, recuerdo gratamente cómo X Japan hizo vibrar a las más de 4 mil personas que se dieron cita en el Teatro Caupolicán en 2011. Pero los momentos en los que los fans hicieron retumbar el coliseo de Don Francisco fueron pocos: recuerdo principalmente el inicio del show cuando aparecieron los integrantes, en “After Cloudia”, donde el público realmente despertó, quizás la balada “Symphatia” y el final, con la incombustible “The Revenant Choir”.

Fue un público tibio, algo timorato, que no se animaba a corear a todo pulmón las canciones ni saltaba o se descontrolaba, no hubo un momento en el que uno dijera “esto quedará en la retina de los asistentes”. Pero se reía con más ganas frente a la pobre performance de Kamijo tratando de hablar en español o intentando que bailara “la colita”. Memorable eso sí, fue el momento en que la gente le gritaba el clásico “mijito rico” a Kamijo y al preguntarle qué significa eso a Teru, éste le decía que “estaba cantando muy bien” (o algo así).

Ya para ir cerrando, para un espectador algo más neutral, creo que la tercera venida de Versailles a nuestro país fue un buen concierto, con mal sonido y problemas en los instrumentos, con una banda que se entregó al 100% desde el minuto 0, pero sin nada memorable para recordar. Miento, sí hay algo memorable: Cuando estaban tocando “Zombie”, un miembro del staff de la banda “compró terreno” en el teatro. Solo algunos de los que estuvimos en la parte de atrás vimos la escena, pero nos sacó muchas carcajadas.

Por: Jonathan Valenzuela

Fotografías: Manu Head hellnation.cl